jueves, 21 de agosto de 2014

Norberto, el ridgeback noruego


Todos los personajes y las palabras en negrita pertenecen a J.K. Rowling.


NORBERTO, EL RIDGEBACK NORUEGO

Yo lo haré —se ofreció Bill y caminó hasta el ministro. Pasó la página y leyó con una sonrisa en dirección a Charlie—. Norberto, el ridgeback noruego.

Charlie abrió mucho los ojos ante la mención de "Norberta", decidió que no le diría a Hagrid que Norberto era hembra hasta que apareciera en la historia.

Sin embargo, Quirrell debía de ser más valiente de lo que habían pensado. En las semanas que siguieron se fue poniendo cada vez más delgado y pálido, pero no parecía que su voluntad hubiera cedido.

Cada vez que pasaban por el pasillo del tercer piso, Harry, Ron y Hermione apoyaban las orejas contra la puerta, para ver si Fluffy estaba gruñendo, allí dentro.

Moody les miró y asintió con la cabeza, aprobando esa estrategia.

Snape seguía con su habitual mal carácter, lo que seguramente significaba que la Piedra estaba a salvo.

Snape comenzaba a cansarse de ser el malo de la película pero el brillo en los ojos del director le hizo ver que debía seguir sin decir nada. Dejando salir una maldición por lo bajo siguió prestando atención a la historia.

Cada vez que Harry se cruzaba con Quirrell, le dirigía una sonrisa para darle ánimo, y Ron les decía a todos que no se rieran del tartamudeo del profesor.

Algunos les sonrieron pero ambos negaron con la cabeza asqueados, ¡Como se arrepentían de haberse preocupado por el!

Hermione, sin embargo, tenía en su mente otras cosas, además de la Piedra Filosofal. Había comenzado a hacer horarios para repasar y a subrayar con diferentes colores sus apuntes.

Los profesores la miraron sonriendo mientras muchos rodaban los ojos.

A Harry y Ron eso no les habría importado, pero los fastidiaba todo el tiempo para que hicieran lo mismo.

Hermione, faltan siglos para los exámenes.

Diez semanas —replicó Hermione—. Eso no son siglos, es un segundo para Nicolás Flamel.

—Ni que tuvieran seiscientos años —bufó Sirius.

Pero nosotros no tenemos seiscientos años —le recordó Ron

Sirius y Ron se sonrieron mientras alguno soltaba alguna risita.

. De todos modos, ¿para qué repasas si ya te lo sabes todo?

—Buena pregunta —corearon muchos mientras Hermione rodaba los ojos algo exasperada.

—Es algo importante —dijo simplemente.

¿Que para qué estoy repasando? ¿Estás loco? ¿Te has dado cuenta de que tenemos que pasar estos exámenes para entrar en segundo año? Son muy importantes, tendría que haber empezado a estudiar hace un mes, no sé lo que me pasó...

—Exagerada —le dijeron Harry y Ron bufando.

Pero desgraciadamente, los profesores parecían pensar lo mismo que Hermione. Les dieron tantos deberes que las vacaciones de Pascua no resultaron tan divertidas como las de Navidad. Era difícil relajarse con Hermione al lado, recitando los doce usos de la sangre de dragón o practicando movimientos con la varita. Quejándose y bostezando, Harry y Ron pasaban la mayor parte de su tiempo libre en la biblioteca con ella, tratando de hacer todo el trabajo suplementario.

Nunca podré acordarme de esto —estalló Ron una tarde, arrojando la pluma y mirando por la ventana de la biblioteca con nostalgia. Era realmente el primer día bueno desde hacía meses. El cielo era claro, y las nomeolvides azules y el aire anunciaban el verano.

Harry, que estaba buscando «díctamo» en Mil hierbas mágicas y hongos no levantó la cabeza hasta que oyó que Ron decía:

¡Hagrid! ¿Qué estás haciendo en la biblioteca?

Muchos abrieron mucho los ojos y miraron al guardabosques.

—¿Hagrid? ¿Tú también has caído? —le dijo Sirius de manera más dramática de la necesaria.

—Era importante —dijo secamente el semi-gigante mientras se ruborizaba un poco.

Hagrid apareció con aire desmañado, escondiendo algo detrás de la espalda. Parecía muy fuera de lugar; con su abrigo de piel de topo.

Algunos rieron imaginándoselo y Hagrid se ruborizó más todavía.

Estaba mirando —dijo con una voz evasiva que les llamó la atención—. ¿Y vosotros qué hacéis? 

—De pronto pareció sospechar algo—. No estaréis buscando todavía a Nicolás Flamel, ¿no?

Oh, lo encontramos hace siglos —dijo Ron con aire grandilocuente—. Y también sabemos lo que custodia el perro, es la Piedra Fi...

—¡Ron! ¡Estáis en la biblioteca! —le reprendió Remus.

—Tampoco importa tanto, ¿No? Ahora lo sabe todo el mundo —se excusó el pelirrojo pero Remus negó con la cabeza.

¡Shhh! —Hagrid miró alrededor para ver si alguien los escuchaba—. No podéis ir por ahí diciéndolo a gritos. ¿Qué os pasa?

En realidad, hay unas pocas cosas que queremos preguntarte —dijo Harry— sobre qué cosas más custodian la Piedra, además de Fluffy...

—¡Harry! ¿Tú también? —le regañó el licántropo negando con la cabeza y suspirando.

¡SHHHH! —dijo Hagrid otra vez—. Mirad, venid a ver me más tarde, no os prometo que os vaya a decir algo, pero no andéis por ahí hablando, los alumnos no deben saber nada. Van a pensar que yo os lo he contado...

—¿Eso es lo que te preocupa? —preguntó McGongagall alzando una ceja.

—Bueno, la confianza que Dumbledore tiene en mi me importa más que esa dichosa piedra —afirmó Hagrid convencido, McGonagall no supo que decir, era una buena respuesta.

Te vemos más tarde, entonces —dijo Harry

Hagrid se escabulló.

¿Qué escondía detrás de la espalda? —dijo Hermione con aire pensativo.

¿Creéis que tiene que ver con la Piedra?

Voy a ver en qué sección estaba —dijo Ron, cansado de sus trabajos.

—Buena esa, Roonie —le dijeron los gemelos y le chocaron los cinco.

—Cotilla —bufó Hagrid de manera divertida.

Regresó un minuto más tarde, con muchos libros en los brazos. Los desparramó sobre la mesa.

¡Dragones! —susurró—. ¡Hagrid estaba buscando co sas sobre dragones! Mirad estos dos: 
Especies de dragones en Gran Bretaña e Irlanda y Del huevo al infierno, guía para guardianes de dragones...

Todos miraron a Hagrid, algunos sin entender la gravedad del asunto, la mayoría pensaba que simplemente quería saber sobre dragones.

Hagrid siempre quiso tener un dragón, me lo dijo el día que lo conocí —dijo Harry

Pero va contra nuestras leyes —dijo Ron—. Criar dragones fue prohibido por la Convención de Magos de 1709, todos lo saben.

Muchos miraron a Ron impresionados, al parecer no todos lo sabían. Charlie miró orgulloso a su hermano por acordarse de lo que le contaba.

Era difícil que los muggles no nos detectaran si teníamos dragones en nuestros jardines. De todos modos, no se puede domesticar un dragón, es peligroso. Tendríais que ver las quemaduras que Charlie se hizo con esos dragones salvajes de Rumania.

Molly ya sabía de las muchas quemaduras que tenía su hijo pero no podía evitar preocuparse, después de todo Charlie seguía siendo su pequeño.

Pero no hay dragones salvajes en Inglaterra, ¿verdad? —preguntó Harry

—Sí que hay —le aseguró Charlie sonriendo.

Por supuesto que hay —respondió Ron—. Verdes en Gales y negros en Escocia. Al ministro de Magia le ha costado trabajo silenciar ese asunto, te lo aseguro. Los nuestros tienen que hacerles encantamientos a los muggles que los han visto para que los olviden.

La gente miraba a Ron impresionada por la cantidad de cosas que sabía sobre el tema.

Entonces ¿en qué está metido Hagrid? —dijo Hermione.

Muchos asintieron, eso era lo importante en ese momento.

Cuando llamaron a la puerta de la cabaña del guardabosques, una hora más tarde, les sorprendió ver todas las cortinas cerradas.

Algunos fruncieron el ceño sospechando.

Hagrid preguntó «¿quién es?» antes de dejarlos entrar, y luego cerró rápidamente la puerta tras ellos.

En el interior; el calor era sofocante. Pese a que era un día cálido, en la chimenea ardía un buen fuego.

Charlie sonrió, sabía la causa de eso.

Hagrid les preparó el té y les ofreció bocadillos de comadreja, que ellos no aceptaron.

Entonces ¿queríais preguntarme algo?

Sí —dijo Harry No tenía sentido dar más vueltas—. Nos preguntábamos si podías decirnos si hay algo más que custodie a la Piedra Filosofal, además de Fluffy.

—Directo al grano —dijeron los gemelos sonriendo.

Hagrid lo miró con aire adusto.

Por supuesto que no puedo —dijo—. En primer lugar; no lo sé. En segundo lugar, vosotros ya sabéis demasiado, así que tampoco os lo diría si lo supiera. Esa Piedra está aquí por un buen motivo. Casi la roban de Gringotts... Aunque eso ya lo sabíais, ¿no? Me gustaría saber cómo averiguasteis lo de Fluffy.

Hagrid sonrió, ahora si lo sabía.

Oh, vamos, Hagrid, puedes no querer contarnos, pero debes saberlo, tú sabes todo lo que sucede por aquí —dijo Hermione, con voz afectuosa y lisonjera. La barba de Hagrid se agitó y vieron que sonreía. Hermione continuó—: Nos preguntábamos en quién más podía confiar Dumbledore lo suficiente para pedirle ayuda, además de ti.

Muchos miraban a Hermione sorprendidos mientras Hagrid bajaba la cabeza por ser derrotado por una alumna de once años.

—Increíble —dijo Fred y George asintió con la cabeza.

Con esas últimas palabras, el pecho de Hagrid se ensanchó. Harry y Ron miraron a Hermione con orgullo.

Lo mismo ocurría en el presente.

Bueno, supongo que no tiene nada de malo deciros esto... Dejadme ver...

—¿Has visto eso Lunático? ¡Ha convencido a Hagrid sin necesidad de emborracharlo! —dijo Sirius mientras miraba a Hermione con orgullo y Hagrid bajaba más la cabeza muy avergonzado.

Yo le presté a Fluffy... luego algunos de los profesores hicieron encantamientos... el profesor Sprout, el profesor Flitwick, la profesora McGonagall —contó con los dedos—, el profesor Quirrell y el mismo Dumbledore, por su puesto. Esperad, me he olvidado de alguien. Oh, claro, el pro fesor Snape.

—¡¿Snape?! —preguntó Sirius entre enojado y cabreado, totalmente convencido de que era el el que quería coger la piedra. Muchos en el Gran Comedor pensaban lo mismo, solo algunos adultos y el trio sabía la verdad y no se molestaron en decirlo.

¿Snape?

Ajá... No seguiréis con eso todavía, ¿no? Mirad, Snape ayudó a proteger la Piedra, no quiere robarla.

—Así es —murmuró Snape para sí mismo enfurruñado.

Harry sabía que Ron y Hermione estaban pensando lo mismo que él. Si Snape había formado parte de la protección de la Piedra, le resultaría fácil descubrir cómo la protegían los otros profesores. Es probable que supiera todos los en cantamientos, salvo el de Quirrell, y cómo pasar ante Fluffy.

—Una increíble deducción —dijo Moody sonriendo aunque el ya intuía que Snape no era el culpable.
Harry se sentía ridículo por haber fallado de manera tan estrepitosa al buscar al culpable pero, se dijo a sí mismo, todo apuntaba a que Snape era el culpable.

Tu eres el único que sabe cómo pasar ante Fluffy, ¿no, Hagrid? —preguntó Harry con ansiedad
—. Y no se lo dirás a nadie, ¿no es cierto? ¿Ni siquiera a un profesor?

Ni un alma lo sabe, salvo Dumbledore y yo —dijo Hagrid con orgullo.

Muchos suspiraron aliviados.

Bueno, eso es algo —murmuró Harry a los demás—. Hagrid, ¿podríamos abrir una ventana? Me estoy asando.

No puedo, Harry, lo siento —respondió Hagrid. Harry notó que miraba de reojo hacia el fuego. Harry también miró.

Todos miraron el libro expectantes.

Hagrid... ¿Qué es eso?

Pero ya sabía lo que era. En el centro de la chimenea, de bajo de la cazuela, había un enorme huevo negro.

—¡Un dragón! —comprendieron muchos de pronto.

Ah —dijo Hagrid, tirándose con nerviosismo de la bar ba—. Eso... eh...

¿Dónde lo has conseguido, Hagrid? —preguntó Ron, agachándose ante la chimenea para ver de cerca el huevo— Debe de haberte costado una fortuna.

—Como comprar un dragón es ilegal los precios están por las nubes —aseguró Charlie.

Lo gané —explicó Hagrid—. La otra noche. Estaba en la aldea, tomando unas copas y me puse a jugar a las cartas con un desconocido. Creo que se alegró mucho de librarse de él, si he de ser sincero.

—Lógico —dijeron muchos comprensivos al saber que era algo ilegal y que no sería nada bueno que te descubrieran con uno.

Pero ¿qué vas a hacer cuando salga del cascarón? —preguntó Hermione.

—Buena pregunta, ¡Si señor! —dijo Moody haciendo un extraño sonido que podía ser interpretado como una carcajada.

Bueno, estuve leyendo un poco —dijo Hagrid, sacando un gran libro de debajo de su almohada—. Lo conseguí en la biblioteca: Crianza de dragones para placer y provecho.

—Es muy bueno —aseguró Charlie sonriendo—. Pero es bastante viejo, yo recomiendo el nuevo de la misma escritora: Como criar un dragón sin riesgos y de manera efectiva. El mejor, sin duda. Aunque también podías considerar interesante tener 102 Maneras de...

—Nadie va a criar un dragón, Charlie —le aseguró Ginny rodando los ojos.

Está un poco anticuado, por supuesto, pero sale todo. Mantener el huevo en el fuego, porque las madres respiran fuego sobre ellos y, cuando salen del cascarón, alimentarlos con brandy mezclado con sangre de pollo, cada media hora. Y mirad, dice cómo reconocer los diferentes huevos. El que tengo es un ridgeback noruego. Y son muy raros.

—Y que lo digas —aseguró Charlie asintiendo con los ojos muy abiertos.

Parecía muy satisfecho de sí mismo, pero Hermione no.

—Por supuesto —aseguró ella—. ¡Criar un dragón en esa cabaña! ¡Es una locura!

Todos, incluso Hagrid, se vieron de acuerdo con eso (aunque este último a regañadientes).

Hagrid, tú vives en una casa de madera —dijo.

—Buen punto —dijo Charlie sonriendo.

Pero Hagrid no la escuchaba. Canturreaba alegremente mientras alimentaba el fuego.
Así que ya tenían algo más de qué preocuparse: lo que podía sucederle a Hagrid si alguien descubría que ocultaba un dragón ilegal en su cabaña.

—¿Cómo hacéis para metieron en todos los líos que ocurren en Hogwarts? —preguntó Neville incrédulo mientras el resto se giraban hacia ellos para escuchar la respuesta.

—Créeme, Neville, llevo cinco años haciéndome la misma pregunta —le aseguró Ron mientras Harry y Hermione reían.

—Supongo que es gracias a la capacidad de Harry de meterse en problemas —comentó Hermione sonriendo haciendo que Harry bufase molesto.

Me pregunto cómo será tener una vida tranquila —suspiró Ron,

Muchos rieron incluido el trio de oro.

—Yo creo que tenía una antes de… Eso es. Conocer a Harry —dijo Hermione burlona.

—Opino como ella, compañero —dijo Ron sonriendo y Harry hizo un mohín.

—¡Yo no os obligo a venir conmigo! ¡Yo solo hago lo que tengo que hacer! —se quejó este algo enfurruñado.

—Venga Harry, sabes que era coña —le dijo Ron rodando los ojos.

mientras noche tras noche luchaban con todo el trabajo extra que les daban los profesores. Hermione había comenzado ya a hacer horarios de repaso para Harry y Ron. Los estaba volviendo locos.

—Encima que me preocupo por vosotros —se quejó esta, poniendo morritos.

Entonces, durante un desayuno, Hedwig entregó a Harry otra nota de Hagrid. Sólo decía: «Está a punto de salir».

Muchos se emocionaron, no sería lo mismo esto a presenciar un nacimiento real pero las descripciones de Harry daban pie a imaginaciones bastante precisas.

Ron quería faltar a la clase de Herbología e ir directa mente a la cabaña.

—Por supuesto —aseguró el pelirrojo y la profesora Sprout miró con reproche a Hagrid, algo enojada por que causara que algún alumno no quisiera ir a su clase.

Hermione no quería ni oír hablar de eso.

Los profesores la miraban sonriendo, Hermione era una alumna ejemplar.

Hermione, ¿cuántas veces en nuestra vida veremos a un dragón saliendo de su huevo?

—¡Eso! —se quejaron muchos temiendo que pudiesen perderse el nacimiento del dragón.

Tenemos clases, nos vamos a meter en líos y no vamos a poder hacer nada cuando alguien descubra lo que Hagrid está haciendo...

¡Cállate! —susurró Harry.

—¡Harry! —le reprocharon muchos.

—Harry no es grosero —aseguró Hermione—. Si habla de ese modo es por una buena razón.

Malfoy estaba cerca de ellos y se había quedado inmóvil para escucharlos.

—¿Veis? —preguntó Hermione mientras fulminaba a Malfoy con la mirada.

¿Cuánto había oído?

—Más que suficiente —aseguró el rubio.

A Harry no le gustó la expresión de su cara.

—A nadie le gusta —dijeron los gemelos y muchos rieron. Mientras, la pequeña Greengrass intentaba reprimirse las ganas de replicar al dúo pelirrojo.

Ron y Hermione discutieron durante todo el camino hacia la clase de Herbología

—Qué raro que esos dos discutan ¿No? —le preguntó Ginny a Harry haciéndose la sorprendida.

—Y que lo digas, siempre se hablan con tanto cariño —dijo Harry.

—Sí, yo siempre les había visto como la pareja ideal —aseguró Ginny haciendo que el pelirrojo y la castaña se ruborizasen—. Pero sabiendo que pueden llegar a discutir voy a empezar a cuestionármelo ¿Les has visto discutir más veces?

—Que va, siempre están tan acaramelados…

—Oh, callaos ya —les dijo Ron colorado hasta las orejas.

y, al final, Hermione aceptó ir a la cabaña de Hagrid con ellos durante el recreo de la maña na. Cuando al final de las clases sonó la campana del castillo, los tres dejaron sus trasplantadores y corrieron por el parque hasta el borde del bosque. Hagrid los recibió, excitado y radiante.

Ya casi está fuera —dijo cuando entraron.

Todos miraron el libro emocionados, ¡Iban a escuchar sobre el nacimiento de un dragón!

El huevo estaba sobre la mesa. Tenía grietas en la cáscara. Algo se movía en el interior y un curioso ruido salía de allí.

Muchos escuchaban con atención.

Todos acercaron las sillas a la mesa y esperaron, respirando con agitación.

De pronto se oyó un ruido y el huevo se abrió. La cría de dragón aleteó en la mesa.

Muchos sonrieron al imaginarse una cría de dragón recién salida del huevo.

No era exactamente bonito. Harry pensó que parecía un paraguas negro arrugado.

—¡Harry! —le riñeron Hagrid, Charlie y muchas féminas por llamar fea a una cría recién nacida mientras otros reían.

Sus alas puntiagudas eran enormes, comparadas con su cuerpo flacucho. Tenía un hocico largo con anchas fosas nasales, las puntas de los cuernos ya le salían y tenía los ojos anaranjados y saltones.

Era una imagen algo extraña pero más extraño era, pensó Harry, el ver a tantas mujeres suspirando por esa imagen ¿Qué tenía de bonito?

Estornudó. Volaron unas chispas.

¿No es precioso? —murmuró Hagrid. Alargó una mano para acariciar la cabeza del dragón. Este le dio un mordisco en los dedos, enseñando unos colmillos puntiagudos.

—¡Felicidades Hagrid! —le dijo Charlie emocionado mientras todos le miraban sin entender. Charlie se percató de eso y lo explico—. Eso es lo que los ridgeback noruegos hacen a sus madres según nacen, lo que significa que el dragón reconoce a Hagrid como su madre.

¡Bendito sea! Mirad, conoce a su mamá —dijo Hagrid.

Hagrid —dijo Hermione—. ¿Cuánto tardan en crecer los ridgebacks noruegos?

—Buena pregunta, nuevamente —le dijo Remus sonriendo.

—Tardan muy poco, sobre todo si es hembra —les aseguró Charlie algo preocupado pues sabía que ese era el caso.

Hagrid iba a contestarle, cuando de golpe su rostro palideció. Se puso de pie de un salto y corrió hacia la ventana.

¿Qué sucede?

Alguien estaba mirando por una rendija de la cortina... Era un chico... Va corriendo hacia el colegio.

—Oh, no —murmuraron muchos palideciendo.

Harry fue hasta la puerta y miró. Incluso a distancia, era inconfundible:
Malfoy había visto el dragón.

—¿Cómo eres tan despreciable? —le preguntó Astoria asqueada, realmente ese Malfoy de primer año era totalmente asqueroso. Malfoy se cuestionaba lo mismo a sí mismo, decidió que cuando fuese a acostarse reflexionaría sobre su forma de ser. Ahora que había podido observar como era su personalidad vista desde fuera se daba cuenta de lo idiota y despreciable que había sido y que todavía era.

Algo en la sonrisa burlona de Malfoy durante la semana siguiente ponía nerviosos a Harry, Ron y Hermione. Pasaban la mayor parte de su tiempo libre en la oscura cabaña de Ha grid, tratando de hacerlo entrar en razón.

Déjalo ir —lo instaba Harry—. Déjalo en libertad.

No puedo —decía Hagrid—. Es demasiado pequeño. Se morirá.

—Oh, vamos Hagrid ¡Es un dragón! —se quejó Ron.

—Incluso los dragones, Ronald, necesitan cuidados por un tiempo —dijo Charlie.

Miraron el dragón. Había triplicado su tamaño en sólo una semana.

Charlie asintió sabiendo que el dragón era hembra, si fuera macho no habría crecido tanto.

Ya le salía humo de las narices. Hagrid no cumplía con sus deberes de guardabosques porque el dragón ocupaba todo su tiempo. Había botellas vacías de brandy y plumas de pollo por todo el suelo.

He decidido llamarlo Norberto —dijo Hagrid, mirando al dragón con ojos húmedos—. Ya me reconoce, mirad. ¡Norberto! ¡Norberto! ¿Dónde está mamá?

Ha perdido el juicio —murmuró Ron a Harry.

Muchos asintieron.

Hagrid —dijo Harry en voz muy alta—, espera dos semanas y Norberto será tan grande como tu casa. Malfoy se lo contará a Dumbledore en cualquier momento.

Muchos fulminaron a Malfoy con la mirada y este se encogió en su asiento.

Hagrid se mordió el labio.

Yo... yo sé que no puedo quedarme con él para siempre, pero no puedo echarlo, no puedo.

Muchos sonrieron a Hagrid con cariño, definitivamente era un buen hombre.

Harry se volvió hacia Ron súbitamente.

Charlie —dijo.

Tú también estás mal de la cabeza —dijo Ron—. Yo soy Ron, ¿recuerdas?

Muchos rieron mientras Harry negaba con la cabeza, divertido.

No... Charlie, tu hermano. En Rumania. Estudiando dragones. Podemos enviarle a Norberto. ¡Charlie lo cuidará y luego lo dejará vivir en libertad!

—Una idea genial, Harry —le felicitó Charlie.

¡Genial! —dijo Ron—. ¿Qué piensas de eso, Hagrid?

Y al final, Hagrid aceptó que enviaran una lechuza para pedirle ayuda a Charlie.

Muchos le sonrieron a Charlie y este les devolvió la sonrisa.

La semana siguiente pareció alargarse. La noche del miércoles encontró a Harry y Hermione sentados solos en la sala común, mucho después de que todos se fueran a acostar. El reloj de la pared acababa de dar doce campanadas cuando el agujero de la pared se abrió de golpe. Ron surgió de la nada, al quitarse la capa invisible de Harry. Había estado en la cabaña de Hagrid, ayudándolo a alimentar a Norberto, que ya comía ratas muertas.

Algunos pusieron muecas de asco, principalmente los alumnos más jóvenes.

¡Me ha mordido! —dijo, enseñándoles la mano envuelta en un pañuelo ensangrentado

Molly y Charlie miraron a Ron preocupado. Ron captó la mirada de su madre y le enseñó su mano, totalmente sana. Eso pareció tranquilizarla.

—¡Ron! Las mordeduras de un ridgeback noruego son venenosas —dijo Charlie con los ojos muy abiertos y Molly volvió a preocuparse.

—Nada que la señora Pomfrey no pueda curar —aseguró Ron sonriendo a Pomfrey.

. No podré escribir en una semana. Os aseguro que los dragones son los animales más horribles que conozco, pero para Hagrid es como si fuera un osito de peluche. Cuando me mordió, me hizo salir porque, según él, yo lo había asustado.

—¡Hagrid! —le regañaron muchos.

—Lo lamento mucho —se disculpó el semi-gigante de manera sincera.

Y cuando me fui le estaba can tando una canción de cuna.

Algunos rieron ante eso.

Se oyó un golpe en la ventana oscura.

¡Es Hedwig! —dijo Harry, corriendo para dejarla en trar—. ¡Debe de traer la respuesta de Charlie!

Los tres juntaron las cabezas para leer la carta.

Querido Ron:
¿Cómo estás? Gracias por tu carta. Estaré encantado de quedarme con el ridgeback noruego, pero no será fácil traerlo aquí. Creo que lo mejor será hacerlo con unos amigos que vienen a visitarme la semana que viene. El problema es que no deben verlos llevando un dragón ilegal. ¿Podríais llevar al ridgeback noruego a la torre más alta, la medianoche del sábado? Ellos se encontrarán contigo allí y se lo llevarán mientras dure la oscuridad.
Envíame la respuesta lo antes posible.

Besos,

Charlie

Hagrid le sonrió a Charlie agradecido.

—Por cierto, Hagrid —dijo Charlie mientras le sonreía de vuelta—. Deberías saber que en realidad Norberto es Norberta.

Hagrid sonrió de manera radiante.

—¡Es hembra! —dijo emocionado pero entonces se dio cuenta de los riesgos que eso conllevaba y continuo con el tono frio de un padre sobre protector—. Espero que tengas vigilados a todos los dragones que intenten acercarse a ella.

—Por supuesto, descuida —mintió Charlie sonriendo, él no era sobre protector con nadie que no fuese su hermana pequeña.

Se miraron.

Tenemos la capa invisible —dijo Harry—. No será tan difícil... creo que la capa es suficientemente grande para cubrir a Norberto y a dos de nosotros.

La prueba de lo mala que había sido aquella semana para ellos fue que aceptaron de inmediato. Cualquier cosa para liberarse de Norberto... y de Malfoy.

Muchos les sonrieron de manera comprensiva.

Se encontraron con un obstáculo. A la mañana siguiente, la mano mordida de Ron se había inflamado y tenía dos veces su tamaño normal.

Molly escuchaba preocupada, sabía que todo eso había pasado pero, obviamente, no le gustaba escuchar que a su hijo le pasaba algo malo.

No sabía si convenía ir a ver a la señora Pomfrey ¿Reconocería una mordedura de dragón? Sin embargo, por la tarde no tuvo elección. La herida se había convertido en una horrible cosa verde. Parecía que los colmillos de Norberto tenían veneno.

Al finalizar el día, Harry y Hermione fueron corriendo hasta el ala de la enfermería para visitar a Ron y lo encontraron en un estado terrible.

No es sólo mi mano —susurró— aunque parece que se me vaya a caer a trozos. Malfoy le dijo a la señora Pomfrey que quería pedirme prestado un libro, y vino y se estuvo riendo de mí.

Muchos fulminaron a Malfoy con la mirada y la profesora McGonagall no tuvo ningún reparo en quitar a Slyhterin otros cinco puntos.

Me amenazó con decirle a ella quién me había mordido (yo le había dicho que era un perro, pero creo que no me creyó). No debí pegarle en el partido de quidditch. Por eso se está portando así.

—Nah, Malfoy es desagradable por naturaleza —dijeron los gemelos y Malfoy bajó la cabeza, él sabía que eso no era cierto pero no se atrevía a demostrarlo.

Harry y Hermione trataron de calmarlo.

Todo habrá terminado el sábado a medianoche —dijo Hermione, pero eso no lo tranquilizó. Al contrario, se sentó en la cama y comenzó a temblar.

¡La medianoche del sábado! —dijo con voz ronca—. Oh, no, oh, no... acabo de acordarme... la carta de Charlie estaba en el libro que se llevó Malfoy, se enterará de la forma en que nos libraremos de Norberto.

—¡Pero como tenéis tanta mala suerte! —preguntaron Parvati y Lavender con los ojos muy abiertos.

—Uno se acostumbra —dijo Ron mientras se encogía de hombros—. Pero la culpa es de Harry.

—¡Oye! —se quejó el ojiverde mientras muchos reían.

Harry y Hermione no tuvieron tiempo de contestarle. Apareció la señora Pomfrey y los hizo salir; diciendo que Ron necesitaba dormir.

Es muy tarde para cambiar los planes —dijo Harry a Hermione—. No tenemos tiempo de enviar a Charlie otra lechuza y ésta puede ser nuestra única oportunidad de librarnos de Norberto. Tendremos que arriesgarnos. Y tenemos la capa invisible y Malfoy no lo sabe.

—Ahora si lo sé —gruñó el rubio.

Encontraron a Fang, el perro cazador de jabalíes, sentado afuera, con la cola vendada, cuando fueron a avisar a Hagrid. Éste les habló a través de la ventana.

No os hago entrar —jadeó— porque Norberto está un poco molesto. No es nada importante, ya me ocuparé de él.

Cuando le contaron lo que decía Charlie, se le llenaron los ojos de lágrimas, aunque tal vez fuera porque Norberto acababa de morderle la pierna.

Algunos rieron y otros miraron a Hagrid preocupados.

—Un poco de ambas —confirmó el guardabosques sonriendo.

¡Aaay! Está bien, sólo me ha cogido la bota... está jugando... después de todo es sólo un cachorro.

El cachorro golpeó la pared con su cola, haciendo temblar las ventanas. Harry y Hermione regresaron al castillo con la sensación de que el sábado no llegaría lo bastante rápido.
Tendrían que haber sentido pena por Hagrid, cuando llegó el momento de la despedida, si no hubieran estado tan preocu pados por lo que tenían que hacer.

Hagrid se enjuagaba las lágrimas, era un hombre muy sensible y el simple recuerdo de esa despedida le hizo llorar.

Era una noche oscura y llena de nubes y llegaron un poquito tarde a la cabaña de Hagrid, porque tuvieron que esperar a que Peeves saliera del vestíbulo, donde jugaba a tenis contra las paredes.
Hagrid tenía a Norberto listo y encerrado en una gran jaula.

Tiene muchas ratas y algo de brandy para el viaje —dijo Hagrid con voz amable—. Y le puse su osito de peluche por si se siente solo.

Del interior de la jaula les llegaron unos sonidos, que hicieron pensar a Harry que Norberto le estaba arrancando la cabeza al osito.

Algunos se estremecieron al escucharlo.

¡Adiós, Norberto! —sollozó Hagrid, mientras Harry y Hermione cubrían la jaula con la capa invisible y se metían dentro ellos también—. ¡Mamá nunca te olvidará!

Muchos sonrieron a Hagrid quien continuaba enjuagándose las lágrimas.

Cómo se las arreglaron para llevar la jaula hasta la torre del castillo fue algo que nunca supieron. Era casi mediano che cuando trasladaron la jaula de Norberto por las escaleras de mármol del castillo y siguieron por pasillos oscuros. Subieron una escalera, luego otra...

—¿Lo llevasteis con las manos? —peguntó Collin impresionado.

—Sí, fue una pesadilla —confirmó Harry suspirando.

Ni siquiera uno de los atajos de Harry hizo el trabajo más fácil.

—¡Ese es mi ahijado! ¡Me gusta saber que conoces pasadizos del castillo! ¡Un digno hijo de un merodeador! —dijo Sirius emocionado y Harry se fijó en que Remus y los gemelos también le sonreían.

¡Ya casi llegamos! —resopló Harry, mientras alcanzaban el pasillo que había bajo la torre más alta.

Entonces, un súbito movimiento por encima de ellos casi les hizo soltar la jaula. Olvidando que eran invisibles, se en cogieron en las sombras, contemplando las siluetas oscuras de dos personas que discutían a unos tres metros de ellos. Una lámpara brilló.

Todos miraban el libro con los ojos bien abiertos.

La profesora McGonagall, con una bata de tejido escocés y una redecilla en el pelo, tenía sujeto a Malfoy por la oreja.

Algunos miraron a Malfoy sonriendo con suficiencia mientras este gruñía por lo bajo.

¡Castigo! —gritaba—. ¡Y veinte puntos menos para Slytherin! Vagando en medio de la noche... ¿Cómo te atreves...?

Usted no lo entiende, profesora, Harry Potter vendrá. ¡Y con un dragón!

Muchos negaron con la cabeza, divertidos.

—Como si fuera a creerse eso —dijo Dean sonriendo.

¡Qué absurda tontería! ¿Cómo te atreves a decir esas mentiras? Vamos, hablaré de ti con el profesor Snape... ¡Vamos, Malfoy!

—Lamento no haberle creído, señor Malfoy —dijo la profesora McGonagall solemnemente—. Pero sigue sin agradarme que intente delatar a otras personas para disfrutar con su sufrimiento.

Después de aquello, la escalera de caracol hacia la torre más alta les pareció lo más fácil del mundo. Cuando salieron al frío aire de la noche, donde se quitaron la capa, felices de poder respirar bien, Hermione dio una especie de salto.

¡Malfoy está castigado! ¡Podría ponerme a cantar!

Muchos sonrieron a Hermione.

No lo hagas —la previno Harry.

Riéndose de Malfoy, esperaron, con Norberto moviéndose en su jaula. Diez minutos más tarde, cuatro escobas aterrizaron en la oscuridad.

Los amigos de Charlie eran muy simpáticos.

—Lo son —aseguró Charlie sonriendo abiertamente.

Enseñaron a Harry y Hermione los arneses que habían preparado para poder suspender a Norberto entre ellos. Todos ayudaron a colocar a Norberto para que estuviera muy seguro, y luego Harry y Hermione estrecharon las manos de los amigos y les dieron las gracias.
Por fin. Norberto se iba... se iba... se había ido.

Hagrid soltó unos últimos sollozos y sonrió, al menos iba a un lugar mejor.

Bajaron rápidamente por la escalera de caracol, con los corazones tan libres como sus manos, que ya no llevaban la jaula con Norberto. Sin el dragón, y con Malfoy castigado, ¿qué podía estropear su felicidad?

Harry y Hermione negaron con la cabeza, había una persona que pudo estropear su felicidad.

La respuesta los esperaba al pie de la escalera. Cuando llegaron al pasillo, el rostro de Filch apareció súbitamente en la oscuridad.

—Pero no importa ¿No? —preguntó Tonks—. Tenéis la capa.

Bien, bien, bien —susurró Harry—. Tenemos problemas.

Habían dejado la capa invisible en la torre.

—¡Oh, vamos! —se quejó la pelirroja—. ¿Cómo se os ocurre?

—Bueno, aquí acaba el capítulo —anunció Bill levantando la vista del libro.

—Leemos un capítulo más y nos vamos a dormir ¿De acuerdo? —preguntó el director sonriendo, todos asintieron así que se levantó y cogió el libro—. Yo volveré a leer si no es molestia: El bosque prohibido.


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